lunes, 11 de octubre de 2010

El Globo Fantasma



-Un globo gigantesco, el más grande del mundo dijo el informante-
¿Dónde?, pregunté.
Todo lo que sé es que ya compraron diez toneladas de papel seda.
Así son los informantes: oyeron decir, sólo saben la mitad, la mitad que es falsa.
Yo formaba parte de un Grupo especial creado para estudiar y proponer maneras de evitar que los globeros construyeran y soltaran globos, sobre todo durante el mes de junio, en las fiestas dedicadas a San Juan y San Pedro, los santos de los coheteros. Los globos eran ilegales. Al caer incendiaban la vegetación de los parques de la ciudad, instalaciones industriales, residencias particulares. Se habían hecho campañas publicitarias, con la colaboración de los medios, sin resultado.
Yo era el representante de la policía en el Grupo. Los otros miembros eran dos mujeres, una del ayuntamiento y la otra de la agencia federal responsable del medio ambiente. Siempre me gustó trabajar con mujeres. Las dos eran inteligentes y dedicadas. Y también fanáticas de la ecología, para ellas el árbol era la mejor cosa que existía en el mundo. Creían que el problema tenía una solución simple: cárcel para los globeros. En junio los cielos se llenaban de globos y junio estaba por llegar y sabía que mi vida se convertiría en un infierno. Además, por si fuera poco, cometí la imprudencia de contar a mis compañeras del Grupo la historia del globo de diez toneladas de papel seda. Las dos quedaron indignadas.
Ya me imagino el tamaño de la mecha de un globo como ése.
Está preocupado por el tamaño de la mecha, no por las calamidades que puede causar, dijo Marina. Tienes hombres, armas, la ley, ¿por qué no acabas con esos globeros?
El problema es muy complicado.
Ya oímos esa disculpa antes, dijo Marina.
Y ese globo gigante es sólo un rumor.
Vamos a suponer que no sea sólo un rumor, dijo Fabiana.
Encarcelar a los responsables de ese superglobo serviría de ejemplo, tendría un efecto persuasivo.
Los portugueses trajeron el globo a Brasil hace cientos de años. Pero, como ocurre con todas las tradiciones, el tiempo acabará también con ésta. La urbanización
Mientras tanto los bosques y los cerros de la ciudad se incendian, cortó Marina. Finalmente, ¿qué es lo que estás haciendo en este grupo?
Vivía provocándome, pero yo nunca perdía la paciencia con ella. Ni con nadie.
Por favor, dijo Fabiana.
Todo lo que pedía Fabiana, yo lo hacía. Incluso cuando era una pérdida de tiempo.
En dos días coloqué seis detectives en la calle corriendo los suburbios, infiltrándose, sólo para descubrir dónde iba a ser construido el megaglobo, si es que fueran a hacerlo. Conseguí en el Gabinete que me cedieran al detective Diogo Cao para ese trabajo.
En la reunión semanal del grupo relaté a mis colegas las prevenciones que estaba tomando. Hablé de los seis detectives, principalmente de Diogo Cao. Él nos va a ayudar mucho, agregué.
¿Cao? ¿El policía se llama Cao?
¿No hay gente que se llama Cao? ¿Pinto? ¿Leitao? Diogo Cao es de familia portuguesa. Es posible que descienda del navegante del siglo cuatrocentista.
Estás rehuyendo el asunto. ¡El bosque se va a incendiar!, dijo Marina.
Diogo sabe todo sobre el globo. Me dijo que los incendios son causados por los globos pequeños. Los globos grandes son hechos por especialistas y se apagan cuando aún están en el cielo. Cuando caen, la mecha ya no arde.
No les conté que a veces, por un defecto de la mecha o de la estructura, los globos grandes estallan, lo que en el lenguaje de los globeros significa que se incendian. Y al caer incendian todo lo que está abajo.
Ahora además esa falacia, los globeros se preocupan por el medio ambiente, dijo Marina.
Lo que ellos quieren es recuperar el globo, admití.

…CONTINUARA…


Traducción de Romeo Tello Garrido; Rubem Fonseca “El Agujero en la Pared”En Brasil por Ley 9605 de 12 de febrero de 1.998, articulo 42; esta totalmente prohibido soltar, comercializar, transportar y almacenar globos de papel seda.