Los hermanos Montgolfier quieren conquistar el aire, pero no pueden. Hace de esto casi 200 años y todavía no se habia inventado el avión. Si uno pudiera embolsar una nube, ¡podría viajar como las nubes!
¿Y acaso no tienen una pequeña nube en la propia casa? Es toda de vapor y sale de una "marmita" que hierve en la cocina. Los hermanos Montgolfier ponen sobre la "marmita" una bolsa de papel para que se llene de vapor. Después la suletan, pero la bolsa no sube. El vapor se enfría en seguida y no hace más que mojar la bolsa. Fracasa el experimento. Pero los hermanos aún quieren volar.
Una tarde, al mirar una columna de humo que ascendía desde una chimenea, a uno de ellos se le ocurre la gran idea: ¡una bolsa llena de humo TIENE que volar! si el humo sube, la bolsa también lo hará. entonces encienden fuego y repiten el experimento. ¡Esta vez si!. La bolsa, llena de aire caliente y de humo, sube hasta el techo.
Una y otra vez hicieron la prueba, usando una gran bolsa de tela revestida de papel. los vecinos que veían remontarse aquellos objetos extraños, pensaron que era cosa del diablo. Para tranquilizarlos los Montgolfier hicieron un experimento público con un globo más grande todavía. El resultado fue sensacional, pues el globo alcanzó una altura de más de dos mil metros.
¿Y acaso no tienen una pequeña nube en la propia casa? Es toda de vapor y sale de una "marmita" que hierve en la cocina. Los hermanos Montgolfier ponen sobre la "marmita" una bolsa de papel para que se llene de vapor. Después la suletan, pero la bolsa no sube. El vapor se enfría en seguida y no hace más que mojar la bolsa. Fracasa el experimento. Pero los hermanos aún quieren volar.
Una tarde, al mirar una columna de humo que ascendía desde una chimenea, a uno de ellos se le ocurre la gran idea: ¡una bolsa llena de humo TIENE que volar! si el humo sube, la bolsa también lo hará. entonces encienden fuego y repiten el experimento. ¡Esta vez si!. La bolsa, llena de aire caliente y de humo, sube hasta el techo.
Una y otra vez hicieron la prueba, usando una gran bolsa de tela revestida de papel. los vecinos que veían remontarse aquellos objetos extraños, pensaron que era cosa del diablo. Para tranquilizarlos los Montgolfier hicieron un experimento público con un globo más grande todavía. El resultado fue sensacional, pues el globo alcanzó una altura de más de dos mil metros.
La noticia llegó muy pronto a la capital, es decir París, porque todo esto ocurrió en Francia . Y a los ya famosos hermanos se les invito a hacer una demostración ante el rey, Luís XVI. Para hacer mas emocionante la prueba, se colgó del globo una jaula con tres tripulantes: un cordero, un gallo y un pato. Ellos estrenaron el globo y en eso recuerdan a la perrita Laika, que fue el primer ser vivo que viajó en satélite.
Aquel no fue un vuelo libre; el globo, como una cometa o barrilete, quedó cautivo, sujeto al suelo por una soga. Los aeronautas permanecieron durante ocho minutos a casi treinta metros de altura, algo como para dejar boquiabierto al mismo rey. Pilatre de Rozier, un joven médico muy entusiasta, fue el primer tripulante de globo, o sea el primer hombre que se elevó del suelo. Después un científico llamado Charles, hizo experimentos usando hidrógeno en vez de aire caliente. El mismo Charles inventó la barquilla de mimbre, la red de sostén, la válvula para dejar escapar el gas cuando se quiere bajar, las bolsas de lastre o peso, la envoltura de tela engomada. Y, en fin, basándose en los ensayos, de los hermanos Montgolfier, inventó el globo que se usaría hasta nuestros días.
En todas partes se remontaban globos. Hubo muchas hazañas. Se cruzaron mares y cordilleras y hasta hubo quién trató de volar en globo sobre el Polo Norte.
A pesar de haber sido muy perfeccionado, el globo seguía siempre al capricho del viento. El aeronauta no sabía nunca a donde iba a parar. Para remediar esto se puso motor a la barquilla, pero la cosa no resultó porque los motores de la época eran demasiado pesados. Hasta que un alemán, el conde Zeppelín, construyó el dirigible, un enorme globo de aluminio impulsado por potentes motores de nafta; el “zepelin” o dirigible fue un éxito y término realizando grandes vuelos por todo el mundo. Fue el triunfo final de la “bolsa llena de humo” de los hermanos Montgolfier, pero la gloria no duraría: el avión, mucho más ágil y rápido, desplazó a los lentos dirigibles.
A pesar de haber sido muy perfeccionado, el globo seguía siempre al capricho del viento. El aeronauta no sabía nunca a donde iba a parar. Para remediar esto se puso motor a la barquilla, pero la cosa no resultó porque los motores de la época eran demasiado pesados. Hasta que un alemán, el conde Zeppelín, construyó el dirigible, un enorme globo de aluminio impulsado por potentes motores de nafta; el “zepelin” o dirigible fue un éxito y término realizando grandes vuelos por todo el mundo. Fue el triunfo final de la “bolsa llena de humo” de los hermanos Montgolfier, pero la gloria no duraría: el avión, mucho más ágil y rápido, desplazó a los lentos dirigibles.
Sin embargo, el globo no ha muerto: los meteorólogos, o sea los hombres que estudian la atmósfera, usan globos sondas, de plástico, para estudiar cuanto pasa en las alturas. También los deportistas siguen volando en globos parecidos a los de Charles y de Montgolfier: dicen que es maravilloso flotar sobre el paisaje, en el gran silencio del cielo, sin otra compañía que las nubes y algún que otro pajarito curioso.



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