Existen dos relatos de muertes tragicas sucedidas en la España de fines del siglo XIX, el primero trata de Francois Arban quien murio ahogado en Barcelona en el año de 1.849, su globo se vio arrastrado hacia el mar por el mal tiempo; pero el relato de Joan Milá es impresionante por la forma en que acontecio:
Agarró el trapecio, ató la cuerda de seguridad a su muñeca y dió la señal a los hombres de la arena para que soltaran el globo. Entonces la masa se inquietó de repente y sonó un grito colectivo. Escandalizados, los asistentes se ponían en pie. ¿Qué había pasado? Una cuerda de acero se había prendido de la pierna del joven Milá y, mientras el globo lo elevaba por los aires, la pierna le fue arrancada de cuajo. El globo continuaba ascendiendo con su víctima mientras la sangre caía sobre la plaza y sobre los aterrados espectadores, que ahora se dirigían entre gritos a la salida mientras trataban de limpiarse la cara ensangrentada.
En el año de 1.907 el capitan Alfredo Kindelán realizo una ascención en globo y estuvo tres días desaparecido, lo rescato en altamar el buque ingles West-Point y de regreso a Valencia fue recibido como un heroe, con mejor suerte que su antecesor Milá.
En el año de 1.907 el capitan Alfredo Kindelán realizo una ascención en globo y estuvo tres días desaparecido, lo rescato en altamar el buque ingles West-Point y de regreso a Valencia fue recibido como un heroe, con mejor suerte que su antecesor Milá.




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